Cuento de Navidad

A.M 

Entro corriendo como si huyera de un sharknado. El portazo es tal que muchos de los presentes en nuestro amado bar de mala muerte se dan la vuelta. Pero para variar, ni rastro de éstos. “He llegado la primera”, pienso. Vaya novedad. Localizo una buena mesa cerca de la barra. Me quito las veinte capas y vuelvo a mentirme: “Última vez que salgo sin medias”. Y me acuerdo de las ideas de My little pleaschures. “Qué pena que no venga”.

Me olvido de su ausencia y del frío polar. Empiezo a repasar mentalmente quienes están al caer. No vendrá Berta Bernad, estará en su venta de ropa vintage en NAC. No vendrá Loqueellosnosaben, estará escribiendo la carta a los reyes magos. No vendrá Man Repeller, estará jugando a Kill, Fuck or Marry. Vale. Faltan algunos. Pero hay equipo.

La verdad es que no me gusta que usemos la excusa de la Navidad para vernos. Estas semanas tengo trescientos aperitivos, cervezas tontas, amigos invisibles, cenas y pop up stores que mezclados son una rave en toda regla. Mi whatsapp se ha convertido en un solo de chats de grupos y eventos que voy borrando conforme transcurre diciembre. Y mi cartera empieza a tiritar. Y eso es mala pero que muy mala señal. Sé que el Guardián piensa lo mismo. “El año es muy largo como para ir a juntar tantas cenas multitudinarias seguidas en apenas 3 semanas” me dijo la última vez que nos vimos. Y tanto. Se ha dado de baja de esta quedada. Y eso que son sólo las siete de la tarde. Me lo imagino ahora en un Vietnam sentimental gin tonic en mano o viendo la nieve caer desde la redacción de Elle mientras anota las últimas tendencias. ¿Nieve? Oh mierda. Me voy a morir de frío al irnos.

Veo a Miss at la playa entrar. Al fin. Empezaba a aburrirme. “¡Perdona! Me he enrollado probándome un little black dress para nochebuena y nochevieja, es un look que puede funcionar ambas noches”. No oso contradecirla, ella siempre sabe lo que toca y lo que no. Lo que es bonito y lo que no. Normal que le dieran el premio Marie Claire Best Fashion Blog. Normal que escriba, entre muchos otros, para Vogue. “Como Casilda se casa” pienso mientras ella nos saluda en la distancia. Acaba de llegar “la persona que me ha hecho aficionarme a las bodas sin tener ninguna en mi agenda”.

“Hola!¿ Vamos a pedir algo, no?”, sugiere. “Al fin alguien dice las palabras mágicas”, contesto yo. Y levanto la mano para avisar al camarero.

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“¡Bueno! Contadme. ¿Qué tal todo? ¿Qué es de vuestras vidas?¿Qué tal os va?”. Consigo convertir nuestro agradable bar de mala muerte en el peor de los interrogatorios. “Hay que aprovechar dado lo poco que nos vemos” y las miró poniendo los ojos del Gato con Botas. Admito que puedo ser muy chapas. Casilda me corta y se lanza a contar la última boda en la que estuvo. “Me encantó la decoración con lucecitas, las flores de pascua, en definitiva la salida de lo normal ya que no esperas una boda en este mes”. Miss at la playa y yo la escuchamos atentamente. “¿Algún modelito a destacar?”, interrumpo. Nos explica que el trastorno frío-calor de las bodas de diciembre a veces complica el look de las invitadas hasta que aparece Briten. Sonrío. Las risas están aseguradas.

“Uolaaaaaa nenas. Paz nenes. Estaba sacando a Ostis espero que no me matéis por llegar tarde. Además, ¿Sabéis lo que se me ha ocurrido?”. Ni media respuesta por nuestra parte y ya nos está contando. “Por navidad, me gustaría que me regalasen un perro al que llamar Pedrin para que pueda gritar en el parque ‘OSTRAS PEDRÍN’ sin que nadie me diga nada y un personal trainer-monologuista para hacer deporte mientras me río. Aún así, por si acaso, también me conformo con una buena cena con mucho vino de sobremesa, unos tacones, un vestido, un abrigo de estos que los ves y piensas ‘ese tiene que abrigar’, una noche inolvidable, un viaje lleno de risas y una gran fiesta de disfraces como las del Great Gatsby. En realidad no sé lo que quiero por navidad, cualquier cosa me va hacer ilusión”.“Pues yo lo que quiero es un buen libro” suelta el Cajón de Gatsby que acaba de llegar. “Y si es para el Kindle, mejor” comenta Miss at la playa. La miramos perplejas. No le puede pegar menos. “Era bastante reacia a pasarme al libro electrónico pero lo cierto es que es un invento genial”, nos confiesa.

“Libros, siempre libros. Como el último de Tom Wolfe”. Nos damos la vuelta. Ha venido. Sabía que vendría. El guardián toma asiento. Nos traen las cervezas y no puedo evitar comentar que esto tiene pinta de acabar en recena.

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Nos reímos. Demasiadas cosas que contarnos y tan poco tiempo. O no. En realidad, tenemos toda la noche por delante. Las cajas de Petra Mora de las que habla Miss at la playa nos han abierto el apetito. “Pues si este bar va a ser solo el principio deberíamos reservar en algún lado para cenar”, dice Casilda. “Propongo Dray Martina por lo bueno que está, lo bonito que es y lo simpáticos que son sus dueños”, añade. Miss at la playa prefiere un japonés y el Guardián sugiere alguno de sus cuarteles generales: La Bomba Bistrot o La Tavernetta.

Pero Casilda nos ha convencido y justo cuando me dispongo a llamar surge el inevitable tema de este diciembre. “¿Habéis estado en The Hovse?”, pregunta Casilda. “Es el plan perfecto en Navidad, os recomiendo pedir un caldo en el espacio The Passenger y subir a la terraza viendo anochecer”.  Miss at la playa responde:  “Tiene buena pinta pero en mi Navidad lo que no puede faltar, sin duda, es una buena sesión de películas de los hermanos Marx”.

Entonces pienso en mis planes navideños. “¿Vais a ir algún lado?”, pregunto. “¿Tú a Comillas, no Briten?”. Ataque de risa. Hasta creo que se han reído los de la mesa de al lado. “Yo me repartiré entre Madrid, Santander y San Sebastián. Las uvas aún no tengo decidido dónde tomarlas ni con quién. Los pintxos, sí”, nos cuenta, siempre tan misterioso, el Guardián. Huele a Blenheim Bouquet de Penhaligon’s, su colonia favorita.

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“Ey ¡Escuchad lo que ponen! Esta canción está en las listas de Songs of Faith and devotion”, exclamo mientras noto el efecto de las cervezas subir por mis piernas. Y la conversación toma otro rumbo. Mil rumbos.

Hablamos del éxito de sus blogs, de proyectos, de los próximos conciertos, de libros, películas, series…Repasamos el año. Sus cosas buenas. Sus cosas no tan buenas. Cuando lo hemos hecho bien, cuando la hemos cagado hasta el fondo. Lo que dijimos que haríamos y no hicimos. Lo que nunca pensamos hacer e hicimos. Hasta que de pronto, de forma inesperada, El cajón de Gatsby levanta la cerveza en señal de brindis. Se levanta y nos mira. “¿Sabéis lo que os digo? Quién quiera peces que se moje el culo”.

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Y como en las películas, la cámara se aleja poco a poco de nuestra mesa para captar un plano de nosotros desde fuera. Se nota que esta quedada va a ser memorable. Pienso en la Navidad y me contradigo con mi pensamiento inicial.

Si esta época es la excusa para verse, por mí no hay ningún problema.

Os deseo una feliz Navidad.

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Conversación imaginaria. Lo que está en negrita es verídico. ¿El resto? Ya me gustaría.

Gracias a Miss at la playa, El cajón de Gatsby, Briten, Casilda se casa y Holden Caulfield.

 Dedicado a todos los que me preguntan qué blogs sigo.

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