El quid de la cuestión

A.M. 

Bueno y… ¿qué tal os lo habéis pasado?

Fenomenal, muy buen plan.

¿Qué tal el tiempo?

Solazo.

Y ¿os habéis reido?

Muchísimo.

Y he ahí el quid de la cuestión.

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Hay ciertas cosas que se repiten todos los domingos en mi casa, casi como El día de la marmota. Abrir la nevera para volver a percatarte que no se rellena sola, desesperarte sabiendo la noche en vela que te espera (A lo hecho techo, amigos) y repetir el anterior cuestionario nada más entrar tu hermano y su maleta por la puerta, usando las dos primeras preguntas como prólogo para llegar a lo que realmente importa.

¿HA HABIDO RISAS, SI O NO?

Y así es como realmente distingo si alguien ha pasado un gran fin de semana o no. Ni qué habéis hecho, ni si había mucha gente, ni quien ha ido, ni si os habéis acostado tarde, ligado y demás derivados por todos conocidos. Lo esencial es (vayan perdonándome) el descojono, troncharse de risa, desternillarse para los más finos. En definitiva, reírse.

Por contagio. Sin sentido. Cuando no deberías como en clase o en misa. Como los andaluces en el parlamento. De si mismo (mi preferido). En inglés (hahaha, va por ti Patu). Por tus adentros andando con el móvil. Solo en tu cuarto más solo que la una. De alguien (humor amarillo, caídas, etc. Va por ti Brito). Y cómo no, de algo.

De una película, de una foto, de un vídeo, de un chiste, de una caricatura y por qué no…de una obra de teatro.

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Entre mis últimos planes, ha habido dos que me atrevo a recomendar sin miedo a equivocarme. Al menos, porque además de que a mi y a quien me acompañó nos divirtieron mucho, cientos de miles de espectadores y seis temporadas los avalan. Empezaré por El Cavernícola, un monólogo, premio Laurence Olivier, en el que más de uno se verá reconocido. Su protagonista, Nancho Novo, toca todos los tópicos de la eterna guerra de sexos para que durante la obra más de uno mire o piense en ese alguien que inevitablemente es culpable. Pero no por eso es una obra para “novios” (me niego a decir parejas) porque padres y hermanos, amigos y primos también se ven reflejados. Me gustó mucho como Nancho Novo supo salir de un olvido que tuvo en mitad del monólogo con mucha gracia (tantas veces haciéndolo, algún día tendría que equivocarse), cómo interactúa con el público y también cómo al final te invita a donar en una organización de la que es colaborador.

Por el contrario, en Toc toc hay más de un actor; de hecho es difícil señalar a uno de ellos como el personaje principal. La acción se desarrolla en una sala de espera de un reconocido psiquiatra capaz de curar a personas con los trastornos obsesivos compulsivos más peculiares. En esta se encontrarán una mujer que todo lo comprueba veinte veces, un chico que no puede pisar las líneas a lo Nicholson en Mejor imposible, un hombre adicto a las cifras, una niña que todo lo repite…. que conseguirán convertir el habitual silencio de toda consulta en una casa de locos cuando sus síntomas salen a luz.

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Para que rían. Para que todos rían.

Ya sea El Cavernícola, ya sea Toc toc; si vuestra intención es contestar a esa tercera pregunta de domingo (¿Y os habéis reído?) en positivo, comprad entradas, tomad asiento y no hagáis nada más. No hace falta. Ya está todo hecho. Podemos vivir tranquilos.

Algunos saben muy bien cuál es el quid de la cuestión.

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2 Respuestas a “El quid de la cuestión

  1. Pingback: PLANTA CARA A LA RESACA | La Recena·

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